Blog de divulgación científica dedicado especialmente a la investigación y conservación de la fauna y ecosistemas ibéricos.
La ciencia y el conocimiento nos pertenece a todos. Lo que nos hace sabios no es la sabiduría, sino la capacidad de divulgarla.
Los meloncillos son los mamíferos carnívoros de la península con hábitos más diurnos, pudiéndosele ver, incluso, por los campos de Sevilla en pleno verano y a las 4 de la tarde. A pesar de eso, son muy sigilosos y no se dejan ver mucho, dejando constancia de su abundancia la cantidad de atropellos que sufren y las capturas con fototrampeo, si bien, "hay una tendencia negativa de presencia del meloncillo en Andalucía, en general, y en casi todas las áreas cinegéticas en particular en el periodo 2007-2015." (Estudio del meloncillo en Andalucía de la Universidad de Córdoba).
Pie izquierdo
Mano derecha
Estos animales es habitual que vayan en grupos y que habiten varios ejemplares el mismo territorio. Estos territorios suelen ser de cubierta vegetal muy desarrollada, eso, unido al poco peso del animal (hasta 4 kilos) hace que la impresión de huellas en el sustrato sea difícil. Aunque también es cierto que siente una especial preferencia por las orillas de arroyos y pantanos, lugar idóneo para observar rastros a lo largo de varios cientos de metros.
Pie izquierdo
Debido a los territorios que ocupan, con mucha cubierta vegetal y desplazándose habitualmente por "túneles" bajo la maleza, los excrementos que podamos encontrar por casualidad no nos dan un dato sobre la abundancia de ejemplares, ya que éstos son difíciles de encontrar. Si buscamos concienzudamente y seguimos los rastros que se esconden por debajo de la maleza hasta llegar a la base de pequeños matorrales como lentiscos, podremos ver excrementos y alguna letrina (no suelen tener muchos excrementos), casi siempre en sombra o bajo estos túneles, no especialmente escondidos pero sin posición estratégica de marcaje aparente. En todo caso, estas letrinas y excrementos solitarios bajo la maleza podría cumplir una función de señalización de los caminos por los que habitualmente se desplazan.
Pie derecho
Su dieta es bastante variada. Es un animal muy oportunista y consume, normalmente, el alimento más habitual del momento, sean mamíferos, frutos, carroña, deshechos humanos en basureros, etc, aunque la base de su dieta son los pequeños mamíferos, los reptiles y la carroña. También come peces que ellos mismos pescan, aves, huevos e invertebrados. Por lo tanto el contenido de sus excrementos suele ser variado.
Pequeña letrina de meloncillo
La forma de los excrementos, sin embargo, suele ser bastante homogénea. Son alargadas, cilíndricas y normalmente con una punta más fina que otra. A veces, presentan pelos del propio ejemplar. Suelen medir unos 6-7 centímetros de largo por 0,8 de ancho (medidas orientativas).
La Campiña Sevillana es un lugar hostil y duro. De veranos calurosos y con apenas árboles que den sombra, el riesgo de incendio siempre es alto. En invierno, sin árboles que agarren el suelo y corten el viento y el excesivo y mal manejo del terreno por parte de la agricultura intensiva hacen que la vida en estos lugares no sea fácil.
Sin embargo, aún quedan lugares que, gracias a su orografía, ha sido imposible arar y han quedado como testigos de lo que hace un tiempo fue bosque mediterráneo. Los pequeños arroyos conectan estos pequeños bosques-isla y sirven de corredor para los animales que aún sobreviven en la zona a pesar de la presión humana.
Lata de maíz usada por los pescadores
Basura en el pantano
Estos lugares suelen estar abandonados por las administraciones y son usados habitualmente por los cazadores furtivos para llevar a cabo sus ilegalidades con total impunidad. Muchos de estos sitios pertenecen a los ayuntamientos, que llevan décadas sin invertir un solo euro en la conservación y recuperación de dichos lugares, siendo cómplices y responsables de su decadencia. Así nos encontramos parajes naturales en el término municipal de Utrera totalmente abandonados, usados como arma electoral para echarse las culpa los unos a los otros o como moneda de cambio para asfaltar vías pecuarias y así "pagar" los votos a costa del patrimonio natural de todos. Lugares como el Pinar de Doña, el Brazo del Este del Guadalquivir o el Complejo Endorreico de Utrera solo sirven para que los políticos de turno vayan a hacerse la foto para salir en los medios y hacer creer a las masas que se preocupan, pero la realidad es que los que conocemos y llevamos estudiando las zonas durante mucho tiempo sabemos que el abandono es tan evidente como la regresión de dichos parajes.
A pesar de todos estos problemas, la vida se abre paso como puede, sobreviviendo al desinterés de los ególatras que no hacen nada ni dejan hacer, a la sobreexplotación agrícola y a la caza.
Los carnívoros son un grupo de animales que se dejan ver poco pero que si sabemos "leer" el campo, podremos confirmar su presencia basándonos en los diferentes rastros que dejan (huellas, excrementos, madrigueras, etc). Son tan esquivos que hasta los que dicen ser más de campo, ignoran que convivan con estas "alimañas" (como muchos los llaman) y es eso seguramente los que les ha permitido a estos mamíferos seguir habitando estos lugares tan inhóspitos.
Huella de nutria
Meloncillo
La nutria es un animal que lleva habitando nuestros arroyos y ríos muchos años (seguramente siempre estuvieron). Estuvo a punto de desaparecer por culpa del mal estado de nuestras masas de agua pero se vieron beneficiadas por el desastre medioambiental que supone la presencia de especies invasoras como el cangrejo rojo americano a las diferentes especies de peces dañinas para nuestros ecosistemas liberadas sin pudor ni rigor científico por parte del sector de la pesca.
Los zorros y los meloncillos son los más abundantes gracias a su versatilidad a la hora de alimentarse y de ocupar distintos biotopos.
Las ginetas y las garduñas son algo más exigentes a la hora de elegir hábitat y por eso están más localizadas en lugares que cumplen con sus exigencias.
El tejón es otro habitante desconocido de nuestros campos, más abundante de lo que se podría pensar si nos basamos solamente en observaciones directas. Sin embargo, su presencia es más que evidente cuando hacemos muestreos en zonas susceptibles de ser habitadas por el mustélido.
Huella de jabalí (registro directo)
Hasta cabras monteses y jabalíes se dejan ver de vez en cuando por nuestro término municipal buscando los lugares que un día habitaron pero que ya no existen por culpa de la destrucción humana.
Incluso se puede ver de vez en cuando (aunque no es nada habitual) ciervos y corzos solitarios buscando lugares donde instalarse.
En una escorrentía sobre un campo de cultivo, producto del excesivo uso del arado, junto al desbordado arroyo El Salado de Morón dirección al pantano Torre del Águila y después de haber atravesado la escarpada orografía del Mogarejo, se encontraba este bello y solitario ejemplar de morito común (Plegadis falcinellus). Estaba perforando insistentemente con su largo y curvado pico el fango de la orilla e incluso lo hacía dentro del agua, buscando cualquier alimento que llevarse a la boca.
Rastros de morito
El morito común se alimenta principalmente de crustáceos y demás invertebrados acuáticos, tales como gasterópodos, anélidos, insectos y sus larvas (coleópteros, ortópteros, tricópteros, dípteros, odonatos, etc) y en menor medida, de peces, anfibios y sus larvas e incluso reptiles ocasionalmente. Junto el morito, había un chorlitejo chico (Charadrius dubius) que también buscaba comida y una pareja de cigüeñuelas (Himantopus himantopus) en su nido que se ponían alerta cada vez que el morito se acercaba más de la cuenta. Además, alcaudones (Lanius senator y L. meridionalis), abejarucos (Merops apiaster), pardillos (Carduelis cannabina), jilgueros (Carduelis carduelis), verdones (Chloris chloris), verdecillos (Serinus serinus), ruiseñores (Luscinia megarhynchos), zarceros (Hippolais polyglotta)y hasta un meloncillo (Herpestes ichneumon) que se acercó a beber agua completaban la observación del día. Todo esto observado desde un sendero de corto recorrido transitable con vehículos de motor y cercano a varios núcleos urbanos, por lo que se convierte en un lugar donde personas con movilidad reducida pueden disfrutar de una actividad tan gratificante como la observación directa de animales sin causarles ninguna molestia alguna.
Pero me centré en el morito y en las cerca de dos horas que se llevó picoteando sin parar, toda la orilla de la escorrentía dejando a su paso cientos de metros de sus rastros. De hecho, yo me fui y el morito siguió en su quehacer durante no sé cuánto tiempo más.
Antes de irme, aprovechando que el morito ya se había alejado unos 300 ó 400 metros de donde yo estaba, me acerqué a observar y documentar sus rastros, no tanto por sus huellas sino por las miles de marcas que había a lo largo de la orilla, producto de su constante búsqueda de alimento y que, de no haberlo visto cómo los hacía, difícilmente habría podido adivinar su autoría, sobre todo porque se trata de un ejemplar solitario que lleva unos meses viviendo en la zona.
El morito común (Plegadis falcinellus) es un ave El morito es un ave de la familia de los Threskionithidae, cada vez más abundante en las zonas aledañas a las marisma s del Guadalquivir. Hace tiempo que recoloniza lugares donde antaño habitaban y vuelven a establecerse con bastante estabilidad y signos de expansión, al parecer, favorecida por el cambio climático (entre otros factores). Aunque es un ave de comportamiento migratorio, las poblaciones españolas son residentes y solamente realizan cortos desplazamientos en determinadas épocas para buscar alimento y vuelven a las colonias de cría para reproducirse.
En un lugar de Sevilla, en un área recreativa muy conocida y muy transitada, por donde pasan todas las semanas cientos de personas, donde está permitido el tránsito de vehículos a motor, donde hay aparcamientos, donde hacen maniobras militares, donde pasta el ganado, donde se realizan todo tipo de actividades legales al aire libre como el senderismo, el running, el ciclismo, el motocross, el quad e incluso la caza. En un lugar donde de manera legal (no lo olvidemos) miles de tractores y todoterrenos abarrotados de romeros campan a sus anchas por el medio natural causando un impacto obvio tan fácil de comprobar como ir a dar una vuelta por el lugar días más tarde de la celebración. Un lugar donde las administraciones asfaltan caminos y destruyen la flora y hábitat de las lindes para facilitar el paso de las cofradías. Ahí, en ese lugar, donde se fomentan actividades legales (sostenibles o no), donde a todas luces parecería un sitio inhóspito para la fauna salvaje, vive sorprendentemente el lince. La gran abundancia de conejos es la clave para que este animal, en principio esquivo, habite una zona tan humanizada sin ningún pudor. Son varios factores los que hacen que estos animales se muestren "tan confiados". Por un lado, su papel de superpredador hace que no tenga nada que temer, ya que al encontrarse en lo alto de la cadena trófica, no tiene predadores naturales. También puede influir el hecho de que al ser un área recreativa donde van miles de personas al año y al constante manejo de algunos ejemplares por parte de las administraciones, hayan llegado a acostumbrarse al excesivo contacto humano al que a veces son sometidos. En ese lugar, el biólogo Enrique Muñoz, ha hecho varios estudios y seguimientos de rapaces como cernícalo o lechuza blanca. Con él me encontraba para echarle humildemente una mano para estudiar el desplazamiento que sufre en la zona la lechuza blanca con respecto al cárabo.
Acabábamos de llegar, casi a la vez. Aparcamos en los aparcamientos y yo me bajé del coche para recibirlo. Comenzamos una charla antes de empezar con el trabajo, aún ni habíamos cerrado las puertas de los coches, cuando de repente, el silencio de la noche se vio interrumpido por los inconfundibles gruñidos del lince. Eran una hembra adulta con sus dos crías, que se acercaban jugando, gruñendo y corriendo hacia nosotros sin importarles para nada nuestra presencia. Nos quedamos de piedra, sin respirar ni hacer ruido para no molestar. Luego se tranquilizaron e hicieron el amago de irse cuando de repente la hembra se acercó a mi coche, lo bordeó y capturó un conejo delante nuestra, a escasos metros. Cuando pensábamos que la cosa no podía ser mejor, la hembra se sentó delante nuestra a comerse el conejo y nos regaló los mejores 20 minutos de nuestras vidas. Mientras la hembra se comía al lagomorfo, se oían a los dos cachorros gruñir, escondidos tras unos matorales a un par de metros de la madre.
Lo mejor es que pudimos documentar un comportamiento que llevábamos tiempo observando: cuando la abundancia de conejos lo permite, los linces pueden permitirse el lujo de comerse solo la parte más nutritiva (jugos encefálicos) y desechar el resto, siendo habitual encontrar varios conejos decapitados y sin comer el resto del cuerpo.
También pudimos documentar que la hembra limpia el cadáver del conejo antes de dárselo a sus crías, eliminando estómago e intestinos con precisión de cirujano.
Restos de intestinos y excrementos del conejo predado
Cuando la hembra acabó de comerse la cabeza y de limpiar el cuerpo del conejo, se marchó a los matorrales altos donde esperaban sus crías, saliendo de nuestro campo de visión y por tanto acabándose el espectáculo para nosotros.
Si alguna vez tienes la suerte de que un lince se cruce en tu camino, párate, cállate y disfruta del momento. Molestar y perseguir a los animales salvajes no es ético ni legal.
Como dato decir que las últimas tres lechuzas blancas encontradas estaban muertas y que en este muestreo no la pudimos detectar.
Vídeo del lince matando, comiendo y despiezando al conejo