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viernes, 24 de enero de 2020

Primeras cópulas de Pelodytes ibericus en 2020

Las últimas lluvias de 2019 en el Parque Natural del Estrecho fueron a finales de noviembre y estimularon el celo de los sapillos moteados, haciendo que copularan y pusieran huevos. Desde entonces, permanecían en los alrededores de las charcas esperando nuevas lluvias que les permitieran seguir con su labor reproductora, viendo cómo estas charcas se secaban, llevándose consigo la mayor parte de los renacuajos resultantes de las puestas de noviembre.
Las primeras lluvias de 2020 (las segundas de la temporada reproductora) se han hecho esperar hasta el último tercio del mes y han sido lo suficientemente abundantes como para volver a llenar las charcas que estaban a punto de perderse, salvando así la vida de las larvas supervivientes de las puestas anteriores.
Numerosos machos cantan desde la orilla de las charcas, escondidos bajo piedras, dentro de tubos de drenaje y evacuación de aguas (para aumentar la resonancia de su canto), desde dentro del agua e incluso desde debajo del agua. Se escuchan cientos por todo el campo y se observan decenas, la mayoría cerca o dentro de la charca principal. Otros cantan en los pequeños charcos formados por las huellas del ganado doméstico del lugar y otros simplemente permanecen en sus refugios.
Se observa una cópula de unos ocho machos con al menos una hembra. También se observa una puesta actual y renacuajos con 2 meses de edad, algunos en avanzado estado de desarrollo, observándose los miembros posteriores ya formados en algunos ejemplares.

Esperemos que las lluvias se mantengan durante más tiempo y doten a las charcas y arroyos de la cantidad de agua suficiente para que estos necesarios animales completen su ciclo vital, así como el resto de anfibios, tan necesitados en estos tiempos, de charcas que reúnan las condiciones óptimas para su reproducción.









viernes, 29 de noviembre de 2019

El celo del Bufo spinosus. Vida y muerte en la charca.

El 24 de noviembre de 2019, sobre las 19:00 horas, en una charca recién formada en el Parque Natural de los Alcornocales (Tarifa, Cádiz), tenía lugar la primera congregación de sapos comunes ibéricos (Bufo spinosus) con la intención de reproducirse. Lo hacían al día siguiente de las primeras lluvias otoñales, aprovechando el encharcamiento de una zona de reproducción anfibia histórica, donde se reproducen, además, el sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae), la rana común (Pelophylax perezi) o la ranita meridional (Hyla meridionalis).

Se observaron 6 parejas acopladas, 12 machos errantes, y 4 hembras solitarias (28 en total).
Los sapos estaban activos desde finales de septiembre, saliendo todas las noches a campear en busca de alimento y acercándose a las zonas de reproducción.




Al día siguiente se volvió al lugar para realizar otro conteo de sapos y parejas. El resultado fue: 3 parejas acopladas, 3 machos errantes, 1 hembra solitaria atacada en la cabeza y moribunda y al menos, restos de 12 sapos predados por, posiblemente nutria (Lutra lutra).
A pesar de que otros mustélidos como el turón (Mustela putorius), también los predan así, la nutria es la principal sospechosa, ya que habita en un río colindante y conoce bien el lugar. Estos mustélidos despellejan a los sapos con perfección para evitar el veneno de las glándulas parótidas y los evisceran para después consumirlos.


Afortunadamente, el ciclo de la vida continúa, ya que, además de haber "supervivientes", las hembras fueron predadas después de cumplir su propósito de la reproducción, llenando la zona inundada con miles de huevos que serán los encargados de perpetuar la especie.







jueves, 14 de junio de 2018

La primera entrada de mi blog. Ficha básica del gallipato, el animal más alucinante del mundo.

GALLIPATO (Pleurodeles waltl)
Orden: Urodelos
Familia: Salamándridos
Género: Pleurodeles
Es el anfibio urodelo (con cola) más grande de Europa y es un endemismo limitado a la centro sur de la península ibérica. El género pleurodeles lo comparten tres especies, el gallipato (que es el nuestro) y otros dos que habitan en Argelia y Túnez, por lo que es un animal único en el mundo y es una suerte contar con su presencia en nuestro término municipal. La coloración de fondo puede ser gris, marrón o verdosa, con jaspeados más oscuros y diseños muy diferentes entre sí. Poseen unos puntos naranjas en los costados que coinciden con las costillas, teniendo la capacidad de sacarlas al exterior como técnica de defensa. Tiene 4 dedos en las patas delanteras y 5 en las traseras. Fue muy abundante hace unos años, pero últimamente las poblaciones están desapareciendo debido, entre otras cosas, a la destrucción de charcas, abrevaderos o albercas que usaban tradicionalmente en la zona para reproducirse. Suelen ser nocturnos y de hábitos tanto terrestres como acuáticos, dependiendo de la disponibilidad de agua. Es habitual verlos en noches lluviosas o días nublados cruzando las carreteras en busca de charcas donde reproducirse, por lo que los atropellos son una amenaza para esta especie.

A pesar de ser un anfibio, y por tanto necesitar del agua para su reproducción, el gallipato puede ocupar zonas sin masas de agua cercanas aparentes. Campos de cultivo, márgenes de caminos o llanuras con algo de vegetación forman parte de su biotopo, siempre y cuando que el suelo sea poco compacto y puedan enterrarse o en su defecto abunden piedras y troncos que puedan servirle de refugio. Las zonas secas que habitan suelen ser lagunas o charcas temporales que se han secado, si bien, también pueden estar lejos de las zonas de reproducción y desplazarse hacia ellas recorriendo grandes distancias. Dicho todo esto, las zonas más húmedas o con masas de agua que duren todo el año, son hábitats más propicios para la especie, siempre y cuando no haya corrientes fuertes, por lo que es más fácil verlos en un charco o un abrevadero que en un río o arroyo.
Es un animal con apetito voraz. Es capaz de comer cualquier alimento que le entre por la boca, dándose casos de muertes por ahogamiento debido a capturar presas tan grandes que no han podido tragar. Comen carroña, restos vegetales, pequeños anfibios (incluídos gallipatos más pequeños y sus larvas) y en general cualquier invertebrado o animal acorde a su tamaño, tanto terrestres como acuáticos.
La reproducción suele producirse con las primeras lluvias otoñales. Las charcas temporales se llenan, y los gallipatos, que estaban brumando enterrados en el fondo de la charca, emergen y comienza el celo. El amplexo es axilar y puede durar incluso días. Las hembras van poniendo los huevos (30-800, aunque pueden superar los mil) uno a uno en el sustrato o en las plantas acuáticas. La eclosión de los huevos sucede entre 3-30 días, siendo lo normal dos semanas. El desarrollo larvario depende de las condiciones climáticas, pero suele darse entre 3 y 4 meses, pudiendo permanecer en las charcas en estado larvario hasta el año siguiente.
Larvas: Cuando nacen miden 1 mm, pero antes de la metamorfosis pueden llegar a medir hasta 10 centímetros. La cresta dorsal empieza en el extremo posterior de la cabeza y se va haciendo más baja según se acerca al extremo de la cola, que acaba en punta. Tiene cuatro patas y las branquias externas forman una especie de plumero muy llamativo, característica que las diferencia de los renacuajos de los anuros.