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jueves, 5 de julio de 2018

Las serpientes de Utrera

Debido a la cantidad de información falsa, que vierten algunos medios de comunicación sobre las serpientes todos los veranos, he creído necesario hacer esta entrada para informar un poco sobre éstas y derribar falsos mitos. Mitos tan extendidos como FALSOS por la (in)cultura popular, tales como que son venenosas, que escupen, que te persiguen o incluso que maman leche de las mujeres con hijos lactantes...Cualquier excusa para justificar matarlas sin pudor y sin reconocer que lo hacen por miedo e ignorancia.

Todas las especies de reptiles están protegidas por ley por lo que está prohibido matarlas o capturarlas

 En el término municipal de Utrera hay hasta siete especies distintas de serpientes, aunque vamos a centrarnos en las cuatro más comunes que suelen verse en las zonas periurbanas y urbanizaciones de campo. Podemos encontrarla en urbanizaciones de campos, olivares, parques y jardines, e incluso en casas en ruinas en el mismo casco urbano. Esto no significa que sean plaga ni que se les haya escapado a nadie, simplemente ocupan el nicho ecológico que les corresponde. No son peligrosas para el ser humano ni para las mascotas como perros o gatos. Si se les molesta o se las intenta coger es muy posible que intente mordernos, pero en ningún caso te perseguirá para atacarte, por lo que si ves una, lo mejor es que la dejes en paz.

Juvenil de culebra bastarda
Vamos a empezar por la más grande, la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) que puede superar los 2,30 metros, si bien no es muy habitual encontrar ejemplares que superen los 2 metros. Los adultos machos son de color verdoso con una mancha oscura detrás de la cabeza. Las hembras y los juveniles son de color variegado. Puede vivir en zonas humanizadas y es una buena trepadora de arbustos y árboles.Se alimenta según su tamaño: cuando son pequeñas comen insectos y pequeños reptiles y a medida que van creciendo van añadiendo presas más grandes a su dieta como aves y roedores, siendo estos últimos el 40% de la dieta de los adultos, por lo que son unas aliadas de los humanos a la hora de luchar contra las plagas de estos micromamíferos. También preda sobre otras serpientes.

Macho adulto de culebra bastarda
Juvenil de culebra de escalera
La siguiente es la culebra de escalera (Zamenis scalaris), que puede alcanzar el metro y medio de longitud y es bastante gorda. La cabeza está bien diferenciada del cuerpo, siendo ésta puntiaguda. Si se observa bien es inconfundible: Los juveniles son de color marrón con dos líneas negras paralelas a lo largo de su cuerpo y conectadas con líneas transversales dándole el aspecto de una escalera (de ahí su nombre). Cuando crecen, pierden los peldaños quedando solamente las dos líneas longitudinales negras sobre el fondo marrón-crema. En nuestro término, habita lugares despejados, sin mucha vegetación donde entre bastante luz del sol y relativamente secos (como dehesas). Se las puede ver en claros de bosques, campos arados con algún refugio cercano y por las vías pecuarias con poca cubierta vegetal. Está especializada en la captura de animales de sangre caliente como roedores o conejos por lo que la importancia de protegerlas es evidente: mantienen a raya a las poblaciones de ratas y ratones y conservan la salud de las poblaciones de conejos, ya que normalmente, los conejos que capturan son enfermos.

Adulto de culebra de escalera
Juvenil de culebra de herradura
Adulto de culebra de herradura
JLa culebra de herradura (Hemorrohis hippocrepis) suele llegar a medir como mucho hasta 1,20 metros y es la culebra más abundante (al menos la más fácil de observar) de nuestra fauna, tanto en el campo como el propio casco urbano y, junto con la culebra de escalera, son las dos más fáciles de distinguir para el ojo inexperto. Presenta una característica mancha en forma de herradura (de ahí su nombre) en su pequeña cabeza, por detrás de los ojos. Además, a pesar de tener una coloración algo variable, el diseño suele ser muy similar siempre e inconfundible con el resto de serpientes que habitan la zona. Dicho diseño consta de manchas, ovaladas lateralmente, ribeteadas de negro y con su interior algo más claro, se extienden con una pequeña separación entre ellas por todo el dorso hasta llegar a la cola, donde llegan a unirse formando una banda oscura. Es la típica "serpiente de campo" que solemos ver tomando el sol en muros de piedra o pies de olivos en parcelas de recreo. También es habitual en solares abandonados dentro del propio casco urbano, jardines y pequeños huertos. Cuando son pequeñas se alimentan de insectos y a medida que crecen se van decantando por presas más grandes como pequeños roedores, aves y otros reptiles.

Juvenil de culebra viperina
Por último está la culebra viperina (Natrix maura) o culebra de agua, que de be su nombre a que cuando se siente amenzada aplasta la cabeza y embiste para parecer una víbora y si esto no funciona, se hace la muerta y desprende una sustancia apestosa para ahuyentar a su predador. La coloración del cuerpo es muy variable, con fondos oliváceos, pardos, amarillentos o grises, y un diseño dorsal muy característico. Dos hileras de manchas oscuras recorren longitudinalmente su dorso, y suelen unirse formando un zig-zag llamativo que imita el dibujo que tienen las víboras mediterráneas. Además hay una variación menos típica llamada bilineata, que tiene 2 líneas longitudinales y paralelas en el dorso, amarillento. Es posible encontrarla lejos del agua, pero lo habitual es que habiten arroyos, fuentes e incluso piscinas o abrevaderos. Se alimenta principalmente de peces, anfibios y sus larvas.

Adulto de culebra viperina

Las otras tres especies presentes en nuestro término municipal son la culabra de cogulla (Macroprotodon brevis), la culebra lisa meridional (Coronella girondica) y la culebra de collar (Natrix natrix).

TODAS SON INOFENSIVAS Y ESTÁN PROTEGIDAS POR LA LEY.

Si por accidente una serpiente entra en su casa, no la mate, póngase en contacto con la Asociación Ancrase o con la guardia civil y se procederá a su captura y posterior liberación en un lugar seguro y adecuado.








lunes, 2 de julio de 2018

Los mamíferos de La Campiña Sevillana (Utrera y alrededores)




La Campiña Sevillana es un lugar hostil y duro. De veranos calurosos y con apenas árboles que den sombra, el riesgo de incendio siempre es alto. En invierno, sin árboles que agarren el suelo y corten el viento y el excesivo y mal manejo del terreno por parte de la agricultura intensiva hacen que la vida en estos lugares no sea fácil.
Sin embargo, aún quedan lugares que, gracias a su orografía, ha sido imposible arar y han quedado como testigos de lo que hace un tiempo fue bosque mediterráneo. Los pequeños arroyos conectan estos pequeños bosques-isla y sirven de corredor para los animales que aún sobreviven en la zona a pesar de la presión humana.
Lata de maíz usada por los pescadores
Basura en el pantano
Estos lugares suelen estar abandonados por las administraciones y son usados habitualmente por los cazadores furtivos para llevar a cabo sus ilegalidades con total impunidad. Muchos de estos sitios pertenecen a los ayuntamientos, que llevan décadas sin invertir un solo euro en la conservación y recuperación de dichos lugares, siendo cómplices y responsables de su decadencia. Así nos encontramos parajes naturales en el término municipal de Utrera totalmente abandonados, usados como arma electoral para echarse las culpa los unos a los otros o como moneda de cambio para asfaltar vías pecuarias y así "pagar" los votos a costa del patrimonio natural de todos. Lugares como el Pinar de Doña, el Brazo del Este del Guadalquivir o el Complejo Endorreico de Utrera solo sirven para que los políticos de turno vayan a hacerse la foto para salir en los medios y hacer creer a las masas que se preocupan, pero la realidad es que los que conocemos y llevamos estudiando las zonas durante mucho tiempo sabemos que el abandono es tan evidente como la regresión de dichos parajes.
A pesar de todos estos problemas, la vida se abre paso como puede, sobreviviendo al desinterés de los ególatras que no hacen nada ni dejan hacer, a la sobreexplotación agrícola y a la caza.
Los carnívoros son un grupo de animales que se dejan ver poco pero que si sabemos "leer" el campo, podremos confirmar su presencia basándonos en los diferentes rastros que dejan (huellas, excrementos, madrigueras, etc). Son tan esquivos que hasta los que dicen ser más de campo, ignoran que convivan con estas "alimañas" (como muchos los llaman) y es eso seguramente los que les ha permitido a estos mamíferos seguir habitando estos lugares tan inhóspitos.
Huella de nutria
Meloncillo
La nutria es un animal que lleva habitando nuestros arroyos y ríos muchos años (seguramente siempre estuvieron). Estuvo a punto de desaparecer por culpa del mal estado de nuestras masas de agua pero se vieron beneficiadas por el desastre medioambiental que supone la presencia de especies invasoras como el cangrejo rojo americano a las diferentes especies de peces dañinas para nuestros ecosistemas liberadas sin pudor ni rigor científico por parte del sector de la pesca.

Los zorros y los meloncillos son los más abundantes gracias a su versatilidad a la hora de alimentarse y de ocupar distintos biotopos.


Las ginetas y las garduñas son algo más exigentes a la hora de elegir hábitat y por eso están más localizadas en lugares que cumplen con sus exigencias.


El tejón es otro habitante desconocido de nuestros campos, más abundante de lo que se podría pensar si nos basamos solamente en observaciones directas. Sin embargo, su presencia es más que evidente cuando hacemos muestreos en zonas susceptibles de ser habitadas por el mustélido.




Huella de jabalí (registro directo)

Hasta cabras monteses y jabalíes se dejan ver de vez en cuando por nuestro término municipal buscando los lugares que un día habitaron pero que ya no existen por culpa de la destrucción humana.
Incluso se puede ver de vez en cuando (aunque no es nada habitual) ciervos y corzos solitarios buscando lugares donde instalarse.









jueves, 21 de junio de 2018

Fototrampeando aves (y roedores).

Por la noche, suelen ser los simpáticos roedores como ratas y ratones los que en tan solo unas horas pueden dejarte la cámara trampa sin pilas, debido a la gran curiosidad curiosidad que sienten por elementos extraños. Ya en los años setenta, Félix Rodriguez de la Fuente demostró que los ratones memorizan los obstáculos para tener vías de escape en caso de algún ataque por parte de un predador por lo que es lógico que ante un elemento como la cámara (que además, si es made in china contiene harina de pescado por lo que es un atrayente) se muestren curiosos y la analicen detenidamente.
Pero de día las pilas de nuestras cámaras tampoco están a salvo. Muchísimos son los pájaros que se acercan a la cámara y se llevan minutos delante de ella haciendo saltar una y otra vez el sensor que la activa. Son tantos que no parece una casualidad. Los gastapilas por excelencia suelen ser los petirrojos, seguidos de los papamoscas y los mirlos.
Normalmente suelo intentar grabar mamíferos por lo que las grabaciones de aves casi siempre son casuales y los vídeos suelen quedar en el olvido. Por esta razón he decidido hacer una recopilación con la gran variedad de especies de aves que han pasado por delante de las cámaras o que directamente han posado para ella.

martes, 19 de junio de 2018

Los rastros del morito (Plegadis falcinellus)


En una escorrentía sobre un campo de cultivo, producto del excesivo uso del arado, junto al desbordado arroyo El Salado de Morón dirección al pantano Torre del Águila y después de haber atravesado la escarpada orografía del Mogarejo, se encontraba este bello y solitario ejemplar de morito común (Plegadis falcinellus). Estaba perforando insistentemente con su largo y curvado pico  el fango de la orilla e incluso lo hacía dentro del agua, buscando cualquier alimento que llevarse a la boca.
Rastros de morito



El morito común se alimenta principalmente de crustáceos y demás invertebrados acuáticos, tales como gasterópodos, anélidos, insectos y sus larvas (coleópteros, ortópteros, tricópteros, dípteros, odonatos, etc) y en menor medida, de peces, anfibios y sus larvas e incluso reptiles ocasionalmente. Junto el morito, había un chorlitejo chico (Charadrius dubius) que también buscaba comida y una pareja de cigüeñuelas (Himantopus himantopus) en su nido que se ponían alerta cada vez que el morito se acercaba más de la cuenta. Además, alcaudones (Lanius senator y L. meridionalis), abejarucos (Merops apiaster), pardillos (Carduelis cannabina), jilgueros (Carduelis carduelis), verdones (Chloris chloris), verdecillos (Serinus serinus), ruiseñores (Luscinia megarhynchos), zarceros (Hippolais polyglotta)y hasta un meloncillo (Herpestes ichneumon) que se acercó a beber agua completaban la observación del día. Todo esto observado desde un sendero de corto recorrido transitable con vehículos de motor y cercano a varios núcleos urbanos, por lo que se convierte en un lugar donde personas con movilidad reducida pueden disfrutar de una actividad tan gratificante como la observación directa de animales sin causarles ninguna molestia alguna.
Pero me centré en el morito y en las cerca de dos horas que se llevó picoteando sin parar, toda la orilla de la escorrentía dejando a su paso cientos de metros de sus rastros. De hecho, yo me fui y el morito siguió en su quehacer durante no sé cuánto tiempo más.



Antes de irme, aprovechando que el morito ya se había alejado unos 300 ó 400 metros de donde yo estaba, me acerqué a observar y documentar sus rastros, no tanto por sus huellas sino por las miles de marcas que había a lo largo de la orilla, producto de su constante búsqueda de alimento y que, de no haberlo visto cómo los hacía, difícilmente habría podido adivinar su autoría, sobre todo porque se trata de un ejemplar solitario que lleva unos meses viviendo en la zona.

El morito común (Plegadis falcinellus) es un ave El morito es un ave de la familia de los Threskionithidae, cada vez más abundante en las zonas aledañas a las marisma
s del Guadalquivir. Hace tiempo que recoloniza lugares donde antaño habitaban y vuelven a establecerse con bastante estabilidad y signos de expansión, al parecer, favorecida por el cambio climático (entre otros factores). Aunque es un ave de comportamiento migratorio, las poblaciones españolas son residentes y solamente realizan cortos  desplazamientos en determinadas épocas para buscar alimento y vuelven a las colonias de cría para reproducirse.







domingo, 17 de junio de 2018

De lechuzas y cárabos


    


   
Hace no más de dos décadas, en la campiña sevillana, la bella lechuza blanca (Tyto alba) reinaba las noches por encima de cualquier otra rapaz nocturna.
La abundancia de mochuelos (Athene noctua) no importaba a la dama blanca ya que respetaban sus lugares de nidificación.
Mochuelo (Athene noctua)
Búho chico (Asio Otus)
Los mochuelos anidaban en los árboles y no osaban a ocupar los edificios donde anidaba la lechuza. Los autillos (Otus scops) se oían con frecuencia y tanto el búho chico (Asio otus) como el real (Bubo bubo), estaban relegados a pequeños bosquetes isla entre cortijos o torres antiguas en los pocos puntos altos de la región o a algún que otro edificio urbano siempre y cuando pasaran desapercibidos de los ojos de los supersticiosos.

Pero había una rapaz nocturna que a pesar de su descarado reclamo, se dejaba oír poco, quizás por la ausencia de árboles en la zona, donde preferentemente anidaban: el cárabo (Strix aluco)
Cárabo (Strix aluco)
La población de lechuza empezó a decaer y los mochuelos, aunque no aumentaron su población, empezaron a anidar en los huecos de las construcciones donde antes lo hacían las lechuzas. Con el paso del tiempo, las lechuzas se veían con menor frecuencia y el canto del cárabo empezaba a acercarse a los pueblos. Cada vez era más frecuente encontrar un pollo de cárabo en un parque urbano o en una casa abandonada y cada vez se veían más atropellados.
La expansión del cárabo se hacía evidente en la zona, mientras que la lechuza blanca desaparecía de los campos que no hace mucho dominó.
Lechuza blanca (Tyto alba)

Cárabo (Strix aluco)
Podría decirse que el cárabo ha tenido una capacidad de adaptación mayor que la lechuza blanca y ha ido ocupando el nicho ecológico que iba dejando la lechuza e incluso a veces, desplazándola de forma activa. La versatilidad de la dieta del cárabo también ha podido jugar un papel importante en la expansión de éste en detrimento de la lechuza, cuya dieta es bastante específica (roedores principalmente y aves en bastante menor medida). Es evidente el descenso del tipo de presas de la lechuza, pero también lo es el descenso de anfibios, reptiles e invertebrados que completan la dieta del cárabo, por lo que comer más tipos de presas se entiende como un factor muy relevante. También lo es la versatilidad que tiene a la hora de anidar.

El uso de veneno es uno de los responsables de la regresión que sufre  la lechuza y su vinculación a medios antrópicos puede ser un problema añadido. Las poblaciones urbanas de la zona casi han desaparecido y esto puede deberse a que cuanto más cerca se encuentra del ser humano más probabilidades tiene de estar en contacto con roedores envenenados. Aunque esto no explica la regresión de las poblaciones en general (no solo las poblaciones urbanas), por lo que está claro que hay muchos factores que debemos conocer y estudiar para intentar poner remedio a tan importante problema ecológico que supone esta situación.
Actualmente la población de lechuzas ha experimentado un retroceso en el sur de España de un 50%, dato más que alarmante. Sobre cárabos no hay censos específicos, pero es más que evidente que están colonizando (o recolonizando) nuevos territorios donde en un pasado cercano no estaban presentes.  


Restos de ave predado por lechuza en una puesta
abandonada (Foto:Willy Carmona)






viernes, 15 de junio de 2018

El lince que susurraba a los humanos.

En un lugar de Sevilla, en un área recreativa muy conocida y muy transitada, por donde pasan todas las semanas cientos de personas, donde está permitido el tránsito de vehículos a motor, donde hay aparcamientos, donde hacen maniobras militares, donde pasta el ganado, donde se realizan todo tipo de actividades legales al aire libre como el senderismo, el running, el ciclismo, el motocross, el quad e incluso la caza. En un lugar donde de manera legal (no lo olvidemos) miles de tractores y todoterrenos abarrotados de romeros campan a sus anchas por el medio natural causando un impacto obvio tan fácil de comprobar como ir a dar una vuelta por el lugar días más tarde de la celebración. Un lugar donde las administraciones asfaltan caminos y destruyen la flora y hábitat de las lindes para facilitar el paso de las cofradías. Ahí, en ese lugar, donde se fomentan actividades legales (sostenibles o no), donde a todas luces parecería un sitio inhóspito para la fauna salvaje, vive sorprendentemente el lince. La gran abundancia de conejos es la clave para que este animal, en principio esquivo, habite una zona tan humanizada sin ningún pudor. Son varios factores los que hacen que estos animales se muestren "tan confiados". Por un lado, su papel de superpredador hace que no tenga nada que temer, ya que al encontrarse en lo alto de la cadena trófica, no tiene predadores naturales. También puede influir el hecho de que al ser un área recreativa donde van miles de personas al año y al constante manejo de algunos ejemplares por parte de las administraciones, hayan llegado a acostumbrarse al excesivo contacto humano al que a veces son sometidos.
En ese lugar, el biólogo Enrique Muñoz, ha hecho varios estudios y seguimientos de rapaces como cernícalo o lechuza blanca. Con él me encontraba para echarle humildemente una mano para estudiar el desplazamiento que sufre en la zona la lechuza blanca con respecto al cárabo.
Acabábamos de llegar, casi a la vez. Aparcamos en los aparcamientos y yo me bajé del coche para recibirlo. Comenzamos una charla antes de empezar con el trabajo, aún ni habíamos cerrado las puertas de los coches, cuando de repente, el silencio de la noche se vio interrumpido por los inconfundibles gruñidos del lince. Eran una hembra adulta con sus dos crías, que se acercaban jugando, gruñendo y corriendo hacia nosotros sin importarles para nada nuestra presencia. Nos quedamos de piedra, sin respirar ni hacer ruido para no molestar. Luego se tranquilizaron e hicieron el amago de irse cuando de repente la hembra se acercó a mi coche, lo bordeó y capturó un conejo delante nuestra, a escasos metros. Cuando pensábamos que la cosa no podía ser mejor, la hembra se sentó delante nuestra a comerse el conejo y nos regaló los mejores 20 minutos de nuestras vidas.
Mientras la hembra se comía al lagomorfo, se oían a los dos cachorros gruñir, escondidos tras unos matorales a un par de metros de la madre.
Lo mejor es que pudimos documentar un comportamiento que llevábamos tiempo observando: cuando la abundancia de conejos lo permite, los linces pueden permitirse el lujo de comerse solo la parte más nutritiva (jugos encefálicos) y desechar el resto, siendo habitual encontrar varios conejos decapitados y sin comer el resto del cuerpo.
También pudimos documentar que la hembra limpia el cadáver del conejo antes de dárselo a sus crías, eliminando estómago e intestinos con precisión de cirujano.
Restos de intestinos y excrementos del conejo predado
Cuando la hembra acabó de comerse la cabeza y de limpiar el cuerpo del conejo, se marchó a los matorrales altos donde esperaban sus crías, saliendo de nuestro campo de visión y por tanto acabándose el espectáculo para nosotros.
Si alguna vez tienes la suerte de que un lince se cruce en tu camino, párate, cállate y disfruta del momento. Molestar y perseguir a los animales salvajes no es ético ni legal.

Como dato decir que las últimas tres lechuzas blancas encontradas estaban muertas y que en este muestreo no la pudimos detectar.
                                                                                                                           Vídeo del lince matando, comiendo y despiezando al conejo
                                                                                














jueves, 14 de junio de 2018

La serpiente de mirada inquietante: La culebra bastarda (Malpolon monspessulanus)

CULEBRA BASTARDA (Malpolon monspessulanus)
Orden: Escamosos
Familia: Lamprophiidae
Género: Malpolon
La culebra bastarda es una bella serpiente de mirada inquietante e inconfundible. Es la serpiente más grande de España llegando a medir hasta cerca de 2,5 metros los individuos más longevos (hasta 25 años). Un rasgo muy característico de la espacie es que tiene las escamas supraoculares deprimidas, dándole un aspecto de enfado-agresividad a su mirada. Los machos adultos suelen ser de color verde oscuro uniforme, con una mancha negra detrás del cuello. Las hembras son de color más apagado, parduzco y con un patrón variegado, al igual que los juveniles. Es la serpiente más social, pudiendo estar con su misma pareja toda la vida a la que incluso regala presas que caza para ella. Forman grupos donde el macho alfa impregna a sus otros dos compañeros con una sustancia para poder reconocerlos como del mismo grupo y defienden su territorio juntos, contra la presencia de otras serpientes que osen a penetrar en sus dominios. Es una serpiente opistoglifa, esto es, que posee unos colmillos en una posición muy interna de la boca que sirven para inocular un veneno para paralizar a las presas una vez que ya las está engullendo, por lo que es prácticamente imposible que llegue a inoculárselo a un ser humano. En cualquier caso, su veneno es inocuo para el ser humano, por lo que la culebra bastarda NO ES PELIGROSA
Es una serpiente muy versátil en cuanto a ocupar biotopos. Campos de cultivo, pequeños bosquetes, urbanizaciones, y en general, zonas con vegetación e incluso graneros, granjas y bordes de carreteras con vegetación descuidada, ya que utilizan habitualmente el calor del asfalto para termorregularse. No le gustan los terrenos húmedos como ambientes lacustres.
El 40% de sus presas son roedores, por lo que su importancia ecológica está más que justificada. Su alimentación varía mucho debido a la variación de tamaño que sufren a lo largo de su vida. Al nacer se alimentan de insectos, pero también capturan muchas lagartijas, alimento predominante los pimeros años de vida. Entre los 5 y 7 años ya come ratones, culebrillas ciegas, lagartijas de mayor tamaño en incluso pequeños lagartos. Hasta los 10 años (80-120 centímetros)  empieza a comer pequeños pollos de aves y a partir de esa edad, el tamaño de sus presas aumenta. "A medida que van cumpliendo años y creciendo, sus presas también lo hacen, predando sobre pollos de garzas, aves de mediano tamaño, ratas, conejos e incluso otras serpientes de gran tamaño" (José Antonio Valverde).
El celo y el acoplamiento de estas culebras se da en primavera, la puesta (8-12 huevos) a principios de verano y los nacimientos entre agosto y septiembre.